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lunes, 18 de mayo de 2015

10 problemas de ganchilleras y ganchilleros

Hace tiempo leí un artículo sobre obsesiones y problemillas de ganchilleras. Parecía que estaba escrito para mí, todo me había pasado: puntos apretados, tejido demasiado flojo, adicción, sí sí, habéis leído bien. Hoy quiero compartir todos esos "detalles" que a veces nos traen de cabeza. Eso sí, hay que leerlo en clave de humor, ¡es mucho mejor! 

La lista solo incluye diez problemas, porque en algún momento hay que parar, pero seguro que tenéis algunos no incluidos. Os animo a compartirlos.

1. PUNTOS QUE DESAPARECEN

Sí,  le puede pasar a la mejor de las tejedoras (y tejedores). Podemos estar viendo una película mientras realizamos una labor, y de repente, el desastre. A veces es una aguja resbaladiza, a veces es un despiste. Pero ahí está: nos hemos saltado un punto y el trabajo no progresa bien. No hay más remedio: hay que deshacerlo hasta llegar al error y volver a empezar.

Si el trabajo no sale, solo queda deshacer y volver a empezar


2. TENSIÓN O  PUNTO APRETADO

La temida tensión, aunque para algunas labores es mejor un punto apretado, pero sin pasarse. Si hay demasiada, no podremos enlazar los puntos, casi hay que perforar el tejido. Si por el contrario, el punto queda flojo, puede dar demasiado de sí o deformarse. Esto es un problema si deben unirse varias piezas tejidas de manera independiente. Recomendación: usar siempre agujas adecuadas al grosor del hilo o la lana (hay un pequeño margen por arriba y por abajo) y mantener el mismo ritmo en toda la labor. Como norma general, cuando es demasiado lento el punto suele estar más apretado y más flojo cuanto más rápido. La práctica evita este problema.

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3. HILO OSCURO TEJIDO DURANTE LA NOCHE

¿Miedo a la oscuridad? Tejer durante la noche puede ser sumamente  difícil sin la iluminación adecuada, y si añadimos un hilo oscuro en la mezcla, las consecuencias pueden ser horribles, sobre todo para nuestros ojos porque van a sufrir. Además, es difícil ver el correcto progreso del trabajo, lo que a su vez lleva a problemas desaparición de puntos, aumentos o disminuciones incorrectos, mal ensamblaje de las piezas… La mejor manera de evitar esto es tejer con luz natural potente, pero no siempre es posible. Si vamos a tejer de noche, utilizad una lámpara con luz directa, potente, pero que no deslumbre.

La lana (y el hilo) oscura es muy bonita, pero asegúrate una buena luz


4. HILO HUIDIZO Y ENREDOSO

¿A quién no le ha pasado?
Ese ovillo tan estupendo que acabamos de comprar que rebota en el sofá, rueda por el suelo, patina hasta el otro extremo de la habitación, se desliza por el pasillo y solo una puerta cerrada lo detiene. Toca recoger el ovillo y arreglar los posibles nudos y limpiar todo lo que ha ido arrastrando en su excursión.  
Otro problema es el ovillo que no se deslía cuando más lo necesitamos y tenemos que parar de tejer. Para solventar estos problemas hay varios artilugios muy chulos como cuencos con orificios para el hilo, bolsitas, incluso un portarrollos nos puede servir.
Y para ir tirando del hilo, nada mejor que tomar la hebra del interior del ovillo en lugar de la que queda en el exterior. A veces es un poco lento encontrarla, pero cuando la encuentras, ganchillear es un poquito más fácil.

5. SENTARSE SOBRE LA LABOR

Nos levantamos por cualquier motivo, dejamos el trabajo un momento y de repente… el marido (amiga, hermana, hijo, padres…) se sienta sin darse cuenta sobre la labor que con tanta paciencia  y amor estamos tejiendo. Y no sé vosotras, pero yo pongo tensa. Eso por no hablar el peligro añadido de clavarse la aguja en la zona noble. Solo se puede recomendar atención, atención, atención, de quien se sienta y de quien teje.

6. AGUJEROS EN LA BOLSA DE LAS AGUJAS

Si guardamos las agujas en una bolsa, tarde o temprano, se harán agujeros. Solución, guardarlas en una cajita de metal, plástico o madera.

7. ADICCIÓN

Aunque el tamaño de nuestros “escondites” puede variar, todas tenemos uno, y lo protegemos. Hilos en todos los tonos y peso, de algodón, de lana, trapillo, abalorios… nunca hay suficiente espacio para un alijo. No hay más remedio que tenerlos repartidos por toda la casa, en diferentes cajones, armarios y estanterías, ¿ a que os suena? Si no tenéis claro si sois unas adictas, responded a estas preguntas: ¿Vuestra casa está decorada solo con vuestros trabajos? ¿Cuando tejéis no podéis parar? ¿Vaciáis los armarios para guardar ovillos?  Si la respuesta es sí, sois adictas.

8.  DEMASIADOS TRABAJOS SIN ACABAR

¡Tantos patrones y tan poco tiempo! Las tejedoras podemos llegar a padecer el terrible “síndrome de la urraca”. Abandonan temporalmente un proyecto para comenzar otro y otro y otro… en un intento de tejer todos los proyectos que pasan por la imaginación, dejando de lado cualquier otra cosa. Hay demasiados hilos bonitos, demasiados patrones y no hay cura. Pero ¿quién quiere curarse?



9. “IRA” TEJEDORA

¿Cuántas veces hemos dicho “¡ssssh!, estoy contando!”?, ¿demasiadas?, entonces quizás tengáis “ira” tejedora. A pesar de vuestros mejores esfuerzos, a veces se puede atacar a los amigos y seres queridos, mientras se teje -en algunos casos extremos, la tejedora culpará a personas inocentes. “Me cayó esa puntada porque me estabas mirando!” “Ya he perdido la cuenta y ahora tengo que empezar de nuevo porque estaba hablando!” Es hora de respirar profundo y tranquilizarse.

Te he dicho que no me interrumpas, estoy contando puntos


10. GATOS

Si no tenéis gato, quizás sí lo tenga una amigo o un vecino, y los gatos pueden amar u odiar los ovillos, pero nunca les deja indiferente. Cuidado si tenéis una labor o los hilos preparados si hay un gato cerca.  Una vez que se apoderan del ovillo, no hay vuelta atrás, es suyo.

Este gato ya ha encontrado el hilo


¿Qué problemillas os encontráis cuando tejéis? ¿Qué creéis que falta? Me encantará compartir experiencias.

Saludos y ¡feliz crochet!

NOTA: Las imágenes sin marca de agua están tomadas de Pixabay, un banco de fotografías de libre disposición.