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jueves, 17 de marzo de 2016

Yarn bombing: cada día más habitual

Cada día es más habitual encontrar rincones forrados de ganchillo en la ciudad. Es el yarn bombing (bombardeo de ovillos o bombardeo lanar), una acción que consiste forrar rincones urbanos con tejido, ya sea a ganchilllo o dos agujas. Es similar al grafitti, pero cambiando la pintura por ovillos y piezas tejidas. Recibe también otros nombres, como urban knitting, guerrilla knitting o yarn storming.

Fuente: Pixabay

El yarn bombing nace en el siglo XXI, situándose en Holanda y los Estados Unidos. En la actualidad   se considera a la tejana Magda Sayed la pionera. Desde sus inicios en 2005 gracias a su tienda de lanas hasta ahora, sus proyectos no han parado de crecer. Otros nombres que han inspirado esta forma de expresión artística lanera son Bill Davenport y sus esculturas de ganchillo o los tocones cubiertos de tejido a dos agujas de Shanon Schollian. El punto de inflexión fue the Knit Knot Tree de Jafagirls de Yellow Spring, Ohio, que tuvo repercusión mundial.

Las motivaciones para realizar esta acción se pueden englobar en tres categorías: subversión, protesta y arte. En sentido estricto no es un movimiento de activismo político social, para algunos yarn bombers puede ser una forma de cambiar ideas preconcebidas sobre el tejido, recuperar espacios públicos, protestar contra contra el cambio climático o contra la violencia sexista. Aunque es su vertiente artística la que más adeptos ha ganado. La artista polaca afinca en Nueva York es famosa por forrar diversos espacios públicos con tejidos de grandes dimensiones, no exentos de cierta polémica. También es famosa la fachada del Craft and Folk Art Museum de Los Ángeles forrada con  14000 granny squares, realizados por 500 tejedores de 25 países.

Fachada del Carft and Folk Art Museo de Los Ángeles


Al contrario de lo que ocurre con otras manifestaciones artísticas callejeras realizadas con pintura, el yarn bombing no es permanente, puede quitarse rápidamente. Sus defensores dicen que no es intrusivo y no estropea el mobiliarios urbano.  Sin embargo, no es una actividad del todo legal (salvo que se cuenten con los permisos oportunos). Para las autoridades de algunos países es ilegal y se persiguen a las tejedoras y a los tejedores, aunque no suele haber grandes multas. En México el colectivo Lana Desastre y Tejer es punk celebraron el Día Internacional de Tejer en Público con pequeños trabajos en el metro, forrando las barras para sujetarse. La acción acabó con la policía rompiendo y retirando los tejidos. (Puedes leer la noticia aquí).

Este arte callejero no tiene edad. Aunque suele ser más frecuente encontrar gente joven, entre los 20 y los 30, no es raro ver personas mayores de 60 años, como el grupo ecologista australiano Knitting Nanas Against Gas.

En España se hizo visible en 2012 y desde entonces es mas frecuente encontrar ejemplos de yarn bombing no solo en las grandes ciudades sino también en pequeños pueblos. Una de las acciones famosas (hay muchas más) es la manta con la que se cubrió la Mujer con espejo de Botero en Madrid, de la mano de Lana Connection. Existen grupos de yarn bombers en Zaragoza, Bilbao, Valencia, entre otras.

Si te interesa conocer algo más sobre este tema, puedes consultar estos libros (por ahora solo están publicados en inglés): Yarn Bombing (Mandy Moore), Street Craft: Yarnbombing, Guerrilla Gardening, Light Tagging, Lace Grafitti and More (Riikka Kuittinen), y Craftvism: The Art of Craft and Activism (Betsy Greer).

¿Has participado en algún yarn bombing? ¿Qué te ha parecido la experiencia?